Quién escribe esto

Retrato de Ana Fernández Galarza, autora de curiosea

Me llamo Ana Fernández Galarza. Llevo más de veinte años trabajando en e-learning, estudié ingeniería de sitios web y ahora estoy cursando el Máster en Inteligencia Artificial. Empecé en esto en 2004, por casualidad y con una carrera de Trabajo Social debajo del brazo.

Entré a trabajar en una oficina, en el departamento de formación, y me tocó la parte de e-learning justo cuando se estaba dejando atrás el disquete. Había cuatro plataformas contadas. La web llevaba unos pocos años funcionando. Nadie sabía muy bien qué era aquello, y eso era lo divertido.

Lo que me enganchó al principio no fue la tecnología, fue la gente. Los que estaban allí eran formadores y me lo explicaron todo cuando yo todavía no tenía nada que devolver. Y no era cosa de aquella oficina: en veintidós años me he encontrado lo mismo en todas partes. A la gente que se dedica a la formación le gusta compartir lo que sabe, y no solo con los alumnos, también entre nosotros. Es lo mejor de este oficio, y este blog es, en buena parte, la manera que se me ha ocurrido de devolverlo.

«Eres demasiado mayor para esto»

Cuando estudiaba la carrera no tenía ordenador. La primera vez que me senté delante de uno fue en 2004, al empezar en aquel departamento de formación, y me sorprendió lo mucho que me gustaba: la lógica con la que estaba construido todo. Así que a los treinta y cinco me puse a buscar un máster universitario de ingeniería de sitios web.

Me rechazaron en varias universidades. Ninguna exigía haber estudiado informática, y admitían a gente recién salida de otras carreras sin ninguna experiencia previa. A mí me dijeron que era demasiado mayor para aprender a programar.

En la Universidad Internacional de La Rioja no lo vieron así, y ahí hice el Máster Universitario en Dirección e Ingeniería de Sitios Web. Mis compañeros de clase eran informáticos y programadores que llegaban con toda la base hecha, y me costó bastante más que a ellos: partía de cero en cosas que los demás daban por sabidas. Terminé, y estuve un tiempo trabajando de programadora. Un jefe me dijo entonces que por allí había pasado mucha gente que no valía para esto, y que yo sí. Eso me lo quedé.

Aprender algo nuevo cuesta más según pasan los años, eso sí lo creo. Lo que no creo es que exista una edad a partir de la cual ya no toca. Y como este blog va precisamente de aprender, me parecía que había que contarlo.

Qué hago estos días

Trabajo por mi cuenta, desde Madrid, colaborando como externa con los departamentos de formación de grandes empresas. Lo que hago ahí es la parte que casi nunca se cuenta: gestionar plataformas de formación, virtualizar contenidos desde dentro del propio departamento, hacer de nexo entre los proveedores de contenido y el LMS para que las cosas encajen de verdad, llevar proyectos y proveedores, y mantener sites en SharePoint.

Lo que más me interesa ahora es meter la inteligencia artificial dentro de todo eso. Con un cliente he construido un asistente que ayuda a los empleados con habilidades como la comunicación o la colaboración, y buena parte del trabajo consiste en mantenerlo: mirar dónde se queda corto y ampliarlo. Ahí aprendí algo que no esperaba: lo que la gente necesita resolver casi nunca es lo que yo habría previsto, y casi nada de eso cabe en un cuestionario de detección de necesidades. Ese hueco —lo que una organización no sabe manejar y nadie había imaginado— es la parte del oficio que hoy me parece que vale la pena.

Por qué escribo aquí

Por un post de LinkedIn. Un antiguo compañero de trabajo escribió sobre OpenClaw, un agente de inteligencia artificial de código abierto. Me picó la curiosidad y me puse a investigar. Me volví a enganchar con la tecnología como no me pasaba desde el máster, y he acabado matriculándome en un máster de inteligencia artificial. Todo eso salió de un post en LinkedIn de una persona que quiso compartir lo que estaba aprendiendo.

Escribo esto por tres razones que en el fondo son la misma. Porque quiero devolver lo que me dieron los que fueron generosos conmigo. Porque enseñar es la mejor forma que conozco de aprender algo de verdad. Y porque me gustaría encenderle a alguien la misma chispa que me encendió a mí ese compañero.

Aquí no vendo nada. Es el sitio donde pienso en voz alta y donde dejo constancia de lo que compruebo. Escribo sobre dos preguntas: qué aporta de verdad la IA a la manera en que aprendemos, y qué tenemos que aprender quienes ya trabajamos con ella. Si quieres saber desde dónde escribo todo lo demás, empieza por Me di cuenta un martes por la tarde.

Cómo escribo

Uso inteligencia artificial todos los días para trabajar, y también para escribir esto. La utilizo para analizar lo que está pasando, para revisar lo que encuentro, para darle vueltas a una idea conmigo y para redactar los textos que le voy dictando, porque sí, redacta mucho mejor que yo.

Si quieres escribirme

Si te dedicas a esto, me interesa mucho lo que estés probando, y todavía más si te ha salido mal. Y si algo de lo que he escrito te parece equivocado, dímelo: lo corrijo. Escríbeme por aquí.

También estoy en LinkedIn.